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Merlo Sangriento: tres días de cine para compartir el miedo

Merlo Sangriento: tres días de cine para compartir el miedo

La quinta edición del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror reunió al público en la Casa del Poeta de Villa de Merlo. Con entrada gratuita, la programación combinó películas, competencias de cortometrajes, encuentros con realizadores y actividades que acercaron el cine independiente a la comunidad.

 

 

Durante tres días, la Casa del Poeta Antonio Esteban Agüero fue un punto de encuentro para quienes disfrutan de las historias que inquietan, sorprenden y desafían los límites de lo posible. Del 9 al 11 de octubre, la quinta edición de Merlo Sangriento convocó en Villa de Merlo, San Luis, a fanáticos del terror y el fantástico, familias y vecinos que se acercaron a descubrir las distintas propuestas del festival.

 

Según el balance de la organización, la respuesta del público colmó las salas y acompañó una programación que extendió la experiencia más allá de las proyecciones. El predio exterior reunió puestos de artesanías, propuestas gastronómicas y stands de venta, mientras que el domingo el tradicional concurso de cosplay sumó otra forma de participar: llevar los personajes y los universos de ficción fuera de la pantalla.

 

 

Con su espíritu independiente y su pertenencia a FantLatam —la Alianza Latinoamericana de Festivales de Cine Fantástico—, Merlo Sangriento sostuvo un espacio de circulación para producciones internacionales que habitualmente quedan fuera de las salas comerciales. Esa apertura convivió con una apuesta por los realizadores argentinos y, especialmente, por la producción de San Luis.

 

Las funciones de largometrajes incluyeron El Susurro, de Gustavo Hernández Ibáñez; La Frecuencia Kirlian, dirigida por Cristian Ponce; y Ojos Verdes Rojos Malditos, de Pablo Vergara. Las tres películas integraron un recorrido que compartió protagonismo con las competencias de cortometrajes y los encuentros dedicados a los procesos de creación.

 

 

 

Uno de los ejes de esta edición fue, precisamente, acercar al público a las decisiones y al trabajo que hacen posible una película. El viernes, Alberto Tricarico presentó la propuesta de la Tecnicatura en Producción y Realización Audiovisual de la Universidad de La Punta y sus posibilidades de formación. Más tarde, el guionista Leonel D’Agostino encabezó El Relato Oculto, un conversatorio sobre las capas de una narración y la tensión dramática que sostiene las historias de género.

 

El sábado, la conversación se concentró en los desafíos de producir y encontrar pantallas. Valentina Lellin y D’Agostino participaron del panel Cine de Género: Crear, Producir y Circular, moderado por Juan Ever, director del festival. El intercambio abordó estrategias para llevar una idea desde el guion hasta su exhibición en el circuito independiente. Laura Juárez completó la jornada con Cine, fondos y gestión, un espacio dedicado a las herramientas y fuentes de financiamiento disponibles para los proyectos audiovisuales.

 

La dimensión sonora tuvo su lugar el domingo con Puntos de escucha, a cargo de Mauro Franzen. La charla recorrió los procesos y desafíos del diseño de sonido y la composición musical, recursos decisivos para construir una atmósfera y orientar la percepción del espectador. El encuentro también puso en valor el trabajo y las posibilidades de la producción regional.

 

 

 

La entrega de premios reconoció obras de las tres competencias. En la sección San Luis, el cortometraje ganador fue Mutar, de Giuliana Giangiulio. La mención especial correspondió a M.A.L., dirigido por Antonela Correa, Micaela Sosa Ponce y Lucía Algañaraz, de la Escuela N.º 165 Maestro Julián Barroso Rodríguez.

 

En la Competencia Nacional, Yo te Amo, de Sergio Marzano, obtuvo el premio principal y recibió, además, la mención de Argentores al guion de cortometraje. La Chica de la Frontera, de Natalio Pagés y Francisco Novick, fue distinguido con una mención especial. El reconocimiento de la Competencia Internacional quedó en manos de Manía, de Josué Jacobo Coellar Macías.

 

Entre películas, conversaciones y personajes que circularon por el predio, la quinta edición de Merlo Sangriento mostró el alcance de un festival que reúne formación, producción y encuentro comunitario. En la Casa del Poeta, el miedo compartido fue también una oportunidad para descubrir otras historias y acercarse a quienes las hacen posibles.